martes, 13 de julio de 2010

Preguntas






Preguntas

¿Por qué estarán los vientos separándonos?
¿Cuándo podrás quedarte entre tu sombra?
¿Quién que sea no es gota en el alambre?
¿Cuánto sabrá mi asombro de los gatos?
¿Sabrán los sueños algo de nosotros?
¿En verdad creerá en nosotros Dios?
¿De qué lado estará la suerte yendo?
¿De qué lado los bárbaros están?
¿Quién al árbol le quita la mirada?
¿Quién con las amapolas la agarró?
¿Para quién el aviso de los muertos?
¿Quién del polvo podrá escapar riendo?
¿Quién de verdad ha añadido algo al mundo?
¿Quién hay que no esté en pie de muerte andando?

¿Eres tú o yo éste que se mira en el espejo?
¿Han de ser iguales todos los espejos?
¿Habrase dado ya con el espejo eterno?
¿Tiene algo que ver la Libertad con la miseria?
¿Puede vivir tan sólo masturbándose en el Puerto?
¿Quién dijo Libertad primero?
¿Quién escribió su nombre su poema?
¿Quién los borró de las praderas?
¿Qué sabe la derecha de la izquierda?
¿De qué color se viste la igualdad?
¿Qué se hizo Jesucristo?
¿Dejaremos de morir de veras?
¿Cuándo somos de veras lo que somos?
¿Somos la insomne lumbre que nos crea?

Pablo Mora



lunes, 12 de julio de 2010





Paz es un elemento
que no tiene contornos definidos;
no le conocemos longitud, altura,
ciclo molecular, peso específico.
Mas le conocemos su sabor exacto:
es un sabor a trigo,
a leche y miel, a rosas, a durazno,
que como un corazón recién nacido
palpita entre los dedos de las hojas
por su sola dulzura sostenido.


Tiberio León




sábado, 19 de junio de 2010

Hay


Hay
Pablo Mora

In memoriam: José Saramago

Hay un retrato de agua y de quebranto palabras de entre casa y las de cambio un juntar de palabras escondido una cuerda más tensa y resonante la amenaza de muerte o de esperanza hay sombras y luciérnagas hay vida ese olor de mujer que nos persigue o ese clamor de patria que nos reta o con el alma de la patria en ascuas una vena sangrando de pavor la nocturna memoria sofocada el murmullo del día amanecido la jaula de locura enfurecida hay mentiras de más y compromisos la vida inesperada descubierta la promesa escondida en la semilla aguas blancas secretas reunidas lo amargo de las sombras y las penas

Hay el grito solar como protesta el infierno el martirio de los hombres un río una promesa el mar dormido un juego de demencia una ventana el íntimo rumor que abre las rosas el camino del perro su pupila señales de estar vivo y en peligro la noche y su recado a la intemperie altos troncos y en lo alto el claro canto la palabra y el llanto y sus hogueras el mar su llamarada sus confines grandes secretos todos escondidos hay un terror de manos en el alba un rechinar de puerta una sospecha un grito que horada como una espada un ojo desorbitado que te espía hay un fragor de fin y de derrumbe un enfermo que rompe una receta hay un niño que llora medio ahogado hay un juramento que nadie acepta una esquina que salta en emboscada un trazo negro un brazo que repele un resto de comida masticada una mujer atada que se acuesta

Hay flores que navegan en azul hay la antigua memoria de las aguas un árbol que conozco de memoria hay un hombre velando desatado hay una noche insomne rebelada la lumbre del asombro al descubierto el fondo más lejano de los vasos hay un viento que danza hay una calle un cielo hay unos árboles en fila hay una soledad ciertos recuerdos hay una atmósfera de hollín cargada de asombro de pavor de escarapela hay un viento que danza enloquecido hay un reloj de tiempo detenido hay un reloj paralizado ahora una calle un rencor hay alguien solo hay hambre junta en oleada atroz hay hambre antigua nueva y a montones la miseria el luto otra vez el hambre al hombre lo cobija el hambre antigua en el umbral del tiempo se acurruca sólo comemos soledad y pena seguimos con el hambre todavía en el ruedo del hambre y de la guerra se agiganta la sombra de la muerte la lluvia Dios el hombre tienen hambre

Hay un paso dos muros escondidos hay un batir de remo acompasado el silencio que ahoga y amordaza de pie la cuerda tensa del orgasmo la sombra de la muerte que reúne el peso de la noche y el gemido el reverso del trono el rudimento la promesa dormida en la semilla hay el grito solar como protesta el grito la amenaza el perro malo la pena del silencio el sinsentido hay un terror de manos en el alba el aullido del pan acá en la puerta la pólvora y el pueblo y la palabra hay la esquina del tiempo que resurge el destino del hombre su sollozo hay un pobre que llora en el barranco un niño que entre lluvias llanto apaña hay un dolor de huecos por el aire hay una luna canjeada en muerte —miserable torpeza de la noche— hay divinos almácigos en guardia hay un hombre que lucha con su hambre hay mil pruebas mortales que vencer hay que amar con horror para salvarse ¡Hay hermanos muchísimo qué hacer! (PSA).

pablumbre@hotmail.com

miércoles, 17 de marzo de 2010

RETO BOLIVARIANO





RETO BOLIVARIANO
Pablo Mora


Reto_Bolivariano_Pablo_Mora.mp3
Created Dec 21, 2009 by Cesar Omaña


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¡Creo en ti, perenne Hijo de la Gloria!
¡Inmarcesible Rayo de la Guerra!
¡Comandante invencible de Los Andes!
¡Espada vencedora de los Dioses!
Creo en el Ávila, fanal primero
donde irradió el fulgor de tu existencia.
En el vientre que arrulló tu gloria
y en el maestro que templó tu mente.
En el pueblo que siguió tus pasos
y en la nodriza negra de tu infancia.

Creo en la Roma en que juraste un día
dar tu sangre por nuestra Libertad.
En el mar en que acampaste cuando
la Patria te confió el primer mandado.
En la ternura que le diste a Fanny
con el aliento de tu amor a prisa.
Creo en la flama de amor de Manuelita,
en la fulguración de tus soldados
y en la estampida de palomos briosos
en busca del Jinete redivivo.

Creo en la nívea pila bautismal
al fraguarte inmortal Libertador,
en la pila sagrada de Los Andes.
En el Llano que se fue contigo,
erguido fiel por nuestra libertad.
En la lealtad del corazón
del negro en llamas que inmoló la Patria.
Creo en el Mariscal en que creíste
y en la desgarradura de Berruecos.
Creo en tu arrojo que envidiaste a Piar
y en el Piar que tuviera que morir
para abrir paso a tu esperanza egregia
en medio de la lucha sin cuartel.













Creo en Petión, el de la noble mano,
al enjugar la lágrima al esclavo.
En la furiosa huracandad de Pisba,
acicate feroz de tus soldados,
en el alumbramiento de la helada,
hijo de aquél que se quedó en la cuesta.
Creo en la majestad del Chimborazo
donde de pie entendiste al viejo Tiempo.
En tu rostro desafiando el mar
cuando, lejos, clamabas por la Patria.
En los ásperos callos de tus manos
para el hambre de América harapienta.

Creo en tus brazos y en tus puños creo
desde la eternidad encabritados.
En el samán que te albergara creo,
en tus noches, tus selvas, tus caminos.
Creo en el tamarindo de Angostura
donde amarraras tu esperanza al río.
En el entrecejo de tus iras
y en el crispado acento de tu verbo.
Creo en tu hamaca, compañera fiel
en cada escaramuza libertaria.
En la orfandad de tus monturas viejas,
añorándote a ti, ¡Oh Padre Nuestro!

Creo en las plateadas herraduras,
hechizos del galope redentor.
En tu espada que atizó la gloria,
sembrando sobre sombras libertad.
Creo en Palomo y su inmortal relincho
cuando, gozoso, te sabía campal.
También en los secretos que confiabas
a tu mula Orejona y obediente.
Creo en el tremedal de Casacoima:
regazo en el delirio de tus sueños.
Creo en Pichincha y creo en Boyacá
y en Junín, Carabobo y Ayacucho.













Creo en la cruenta imagen que tenías
de aquella América rapaz del Norte.
En el recio camarada Rooke
quien a la noche le ofrendó su brazo.
En la Gran Colombia que fundaste
y en el sueño de América, la Patria.
Creo en tu pensamiento, fulminante
hoguera de visiones sempiternas.
Creo en Jamaica y creo en Angostura
donde fijaste el rumbo a nuestra América.

En la América tuya tan dolida,
ágora ayer: la comunión del mundo.
En Tinjacá y en tu Nevado perro,
en tu pobreza y tu camisa rota
para la desnudez de Santa Marta.
En el fulgurar de tu relámpago
perdido en la hondonada del vacío.
En el alarido de la noche
con la última proclama de la unión.
Creo en la redención de nuestro suelo
por tus huestes apenas comenzada.

En nuestra soledad iluminada
por tu ejército ahora clandestino.
En la reciedumbre de tu furia
amparada en melífera ternura.
Creo en tu sangre guaicaipura y éuscara,
hermana de la sangre de Lautaro,
¡Oh Fénix trashumante, la esperanza
de los partos solares por venir!


















Creo en la Guerra de Tupac Amaru,
la Guerra a Muerte que empuñara el Ande.
En Martí cuando corrió a buscarte
en la noche sangrienta de tu América
y en la montaña que soñó tribuna,
entre relámpago y furente rayo,
y un manojo de pueblos en tu puño,
rendidos los tiranos a tus pies.
Creo en el Che, en Camilo y en Sandino
para tu valentía encarnaduras.
Creo en todos los hijos de la Tierra
capaces de fraguar la nueva aurora.

En la hospitalidad de estas neblinas
creo, remanso de tu luengo insomnio.
Definitivamente creo en Ti,
¡Omnipotente Padre de la Patria!
Y aunque tú ya una Patria nos dejaste,
creo en la Patria que nos falta hacer.
Creo en ti, ¡Adalid de Libertad!
Desde estos ventisqueros de los Andes,
donde una América de pie te espera
para salir a libertar más patrias
así tengamos que retar a Dios
con tal de no seguir arando el mar.




jueves, 19 de noviembre de 2009

El poeta es un estorbo





El poeta es un estorbo
Pablo Mora

A propósito del Encuentro con el Poeta Juan Calzadilla en Aragua

El poeta es un estorbo, ya lo sé. Lo mejor que llega a expresar de sí no da pie para que se le considere un ciudadano de provecho. Lo que dice no es por cierto lo más edificante que de un buen ciudadano pueda oírse. Ni será tan divertido su tono como para que se le aplauda por eso. Y si fuera próspero. Y si llegara a expresarse bien, sin miedo ni remordimiento tampoco ganará puntos para que le asignen por eso una butaca de primera fila en el Congreso. Ni la audacia de su discurso conmoverá tanto como para esperar de él que tome las riendas saltando al coso de los asuntos públicos armado de una flor y una metralleta. Nada brillante se encontrará así pues en su discurso para que yo, tomado en trance, ponga por él mis manos sobre el fuego. Pues ni el alma del peor virus de mala muerte estará ausente cuando para juzgarlo al lector le toque apretar el gatillo. (Juan Calzadilla).

Los poetas, en la posmodernidad, escasean. Y, sin embargo, los seudopoetas abundan.El verdadero poeta, ese que si le quitan la posibilidad de escribir prefiere la muerte a la vida; ese que escribe por necesidad; ese que penetra el ser de las cosas y que es profeta porque ve “lo abierto”, lo verdadero, lo que subyace; ese que no se queda con la mera contingencia, sino que habita lo formal; ese hombre (antes que estorbo) — ¡temo! — está en peligro de extinción. (Chester Thomas C.).

La creencia de que en la tradición literaria española existe una profunda riqueza que ha de saber aprovechar sabiamente nuestra actual poesía, es un tremendo estorbo. (Enrique Falcón). Los poemas de Pablo Neruda no alcanzan a explicarse sin el estorbo de su figura de poeta militante. Así los de San Juan sin el estorbo de su mística gracia. Como ningún Cantar de los Cantares sin el leve estorbo de su esplendoroso amor. Y menos al Vallejo sin el hosco muñón de su lluviaje.

La poesía siempre es acción, del sentimiento, de la sensación, del acto creativo, nunca resultado definitivo, porque todo poema es una pieza de un engranaje y de un proceso nunca acabado. El poeta observa siempre la realidad con detenimiento, después trabaja una traza, y otra, con esmero, para cosechar el poema con la atmósfera necesaria que nos sumerja en el universo que quiere construir. Al mismo tiempo, dosifica los elementos y les busca su función, clara, precisa y adecuada. La actividad de cualquier poeta, como la de todo artista, consiste en percibir las cosas con más claridad que el resto de los mortales, con lo que es fácil comprender cómo, para muchos, el vate resulta un estorbo, aunque al mismo tiempo se le mire con envidia, como si fuera un alma delicada, capaz de sentirse herido por cualquier realidad. La poesía, entonces, es una forma de percibir las cosas y convertirlas en lenguaje, porque todo arte es un lenguaje especial. (Silvano Andrés de la Morena).

Vulgar estorbo, pálido follaje… vivo dentro de cuatro paredes matemáticas alineadas a metro. Me rodean apáticas almillas que no saben ni un ápice siquiera de esta fiebre azulada que nutre mi quimera. Uso una piel postiza que me la rayo en gris. Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis. Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo que yo misma me creo pura farsa y estorbo. (Alfonsina Storni).

“Temido, odiado, amado, el escritor posee el deseo de ser a la vez un estorbo para el mundo que es y un creador del mundo que puede ser”, subrayó Fuentes. El poeta almacena estorbos, esconde tesoros, guarda nombres que no fueron, alfabetos violetas y palabras ocres de una tinta ponzoñosa. Ejerce el pasatiempo de todo desahuciado: asusta a los niños y llora de martes a viernes. (Gabriel Fuster).

Al poeta, al soñador, al sueño amigo de los años, como a un estorbo nos apartan, enmudecen y destruyen… “Sólo estamos de estorbo aquí en la tierra.” (Mario Andrés Campa Landeros).

pablumbre@hotmail.com



El poeta es un estorbo




El poeta es un estorbo
Pablo Mora

A propósito del Encuentro con el Poeta Juan Calzadilla en Aragua

El poeta es un estorbo, ya lo sé. Lo mejor que llega a expresar de sí no da pie para que se le considere un ciudadano de provecho. Lo que dice no es por cierto lo más edificante que de un buen ciudadano pueda oírse. Ni será tan divertido su tono como para que se le aplauda por eso. Y si fuera próspero. Y si llegara a expresarse bien, sin miedo ni remordimiento tampoco ganará puntos para que le asignen por eso una butaca de primera fila en el Congreso. Ni la audacia de su discurso conmoverá tanto como para esperar de él que tome las riendas saltando al coso de los asuntos públicos armado de una flor y una metralleta. Nada brillante se encontrará así pues en su discurso para que yo, tomado en trance, ponga por él mis manos sobre el fuego. Pues ni el alma del peor virus de mala muerte estará ausente cuando para juzgarlo al lector le toque apretar el gatillo. (Juan Calzadilla).

Los poetas, en la posmodernidad, escasean. Y, sin embargo, los seudopoetas abundan.El verdadero poeta, ese que si le quitan la posibilidad de escribir prefiere la muerte a la vida; ese que escribe por necesidad; ese que penetra el ser de las cosas y que es profeta porque ve “lo abierto”, lo verdadero, lo que subyace; ese que no se queda con la mera contingencia, sino que habita lo formal; ese hombre (antes que estorbo) — ¡temo! — está en peligro de extinción. (Chester Thomas C.).

La creencia de que en la tradición literaria española existe una profunda riqueza que ha de saber aprovechar sabiamente nuestra actual poesía, es un tremendo estorbo. (Enrique Falcón). Los poemas de Pablo Neruda no alcanzan a explicarse sin el estorbo de su figura de poeta militante. Así los de San Juan sin el estorbo de su mística gracia. Como ningún Cantar de los Cantares sin el leve estorbo de su esplendoroso amor. Y menos al Vallejo sin el hosco muñón de su lluviaje.

La poesía siempre es acción, del sentimiento, de la sensación, del acto creativo, nunca resultado definitivo, porque todo poema es una pieza de un engranaje y de un proceso nunca acabado. El poeta observa siempre la realidad con detenimiento, después trabaja una traza, y otra, con esmero, para cosechar el poema con la atmósfera necesaria que nos sumerja en el universo que quiere construir. Al mismo tiempo, dosifica los elementos y les busca su función, clara, precisa y adecuada. La actividad de cualquier poeta, como la de todo artista, consiste en percibir las cosas con más claridad que el resto de los mortales, con lo que es fácil comprender cómo, para muchos, el vate resulta un estorbo, aunque al mismo tiempo se le mire con envidia, como si fuera un alma delicada, capaz de sentirse herido por cualquier realidad. La poesía, entonces, es una forma de percibir las cosas y convertirlas en lenguaje, porque todo arte es un lenguaje especial. (Silvano Andrés de la Morena).

Vulgar estorbo, pálido follaje… vivo dentro de cuatro paredes matemáticas alineadas a metro. Me rodean apáticas almillas que no saben ni un ápice siquiera de esta fiebre azulada que nutre mi quimera. Uso una piel postiza que me la rayo en gris. Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis. Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo que yo misma me creo pura farsa y estorbo. (Alfonsina Storni).

“Temido, odiado, amado, el escritor posee el deseo de ser a la vez un estorbo para el mundo que es y un creador del mundo que puede ser”, subrayó Fuentes. El poeta almacena estorbos, esconde tesoros, guarda nombres que no fueron, alfabetos violetas y palabras ocres de una tinta ponzoñosa. Ejerce el pasatiempo de todo desahuciado: asusta a los niños y llora de martes a viernes. (Gabriel Fuster).

Al poeta, al soñador, al sueño amigo de los años, como a un estorbo nos apartan, enmudecen y destruyen… “Sólo estamos de estorbo aquí en la tierra.” (Mario Andrés Campa Landeros).

pablumbre@hotmail.com


El poeta es un estorbo






El poeta es un estorbo
Pablo Mora

A propósito del Encuentro con el Poeta Juan Calzadilla en Aragua

El poeta es un estorbo, ya lo sé. Lo mejor que llega a expresar de sí no da pie para que se le considere un ciudadano de provecho. Lo que dice no es por cierto lo más edificante que de un buen ciudadano pueda oírse. Ni será tan divertido su tono como para que se le aplauda por eso. Y si fuera próspero. Y si llegara a expresarse bien, sin miedo ni remordimiento tampoco ganará puntos para que le asignen por eso una butaca de primera fila en el Congreso. Ni la audacia de su discurso conmoverá tanto como para esperar de él que tome las riendas saltando al coso de los asuntos públicos armado de una flor y una metralleta. Nada brillante se encontrará así pues en su discurso para que yo, tomado en trance, ponga por él mis manos sobre el fuego. Pues ni el alma del peor virus de mala muerte estará ausente cuando para juzgarlo al lector le toque apretar el gatillo. (Juan Calzadilla).

Los poetas, en la posmodernidad, escasean. Y, sin embargo, los seudopoetas abundan.El verdadero poeta, ese que si le quitan la posibilidad de escribir prefiere la muerte a la vida; ese que escribe por necesidad; ese que penetra el ser de las cosas y que es profeta porque ve “lo abierto”, lo verdadero, lo que subyace; ese que no se queda con la mera contingencia, sino que habita lo formal; ese hombre (antes que estorbo) — ¡temo! — está en peligro de extinción. (Chester Thomas C.).

La creencia de que en la tradición literaria española existe una profunda riqueza que ha de saber aprovechar sabiamente nuestra actual poesía, es un tremendo estorbo. (Enrique Falcón). Los poemas de Pablo Neruda no alcanzan a explicarse sin el estorbo de su figura de poeta militante. Así los de San Juan sin el estorbo de su mística gracia. Como ningún Cantar de los Cantares sin el leve estorbo de su esplendoroso amor. Y menos al Vallejo sin el hosco muñón de su lluviaje.

La poesía siempre es acción, del sentimiento, de la sensación, del acto creativo, nunca resultado definitivo, porque todo poema es una pieza de un engranaje y de un proceso nunca acabado. El poeta observa siempre la realidad con detenimiento, después trabaja una traza, y otra, con esmero, para cosechar el poema con la atmósfera necesaria que nos sumerja en el universo que quiere construir. Al mismo tiempo, dosifica los elementos y les busca su función, clara, precisa y adecuada. La actividad de cualquier poeta, como la de todo artista, consiste en percibir las cosas con más claridad que el resto de los mortales, con lo que es fácil comprender cómo, para muchos, el vate resulta un estorbo, aunque al mismo tiempo se le mire con envidia, como si fuera un alma delicada, capaz de sentirse herido por cualquier realidad. La poesía, entonces, es una forma de percibir las cosas y convertirlas en lenguaje, porque todo arte es un lenguaje especial. (Silvano Andrés de la Morena).

Vulgar estorbo, pálido follaje… vivo dentro de cuatro paredes matemáticas alineadas a metro. Me rodean apáticas almillas que no saben ni un ápice siquiera de esta fiebre azulada que nutre mi quimera. Uso una piel postiza que me la rayo en gris. Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis. Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo que yo misma me creo pura farsa y estorbo. (Alfonsina Storni).

“Temido, odiado, amado, el escritor posee el deseo de ser a la vez un estorbo para el mundo que es y un creador del mundo que puede ser”, subrayó Fuentes. El poeta almacena estorbos, esconde tesoros, guarda nombres que no fueron, alfabetos violetas y palabras ocres de una tinta ponzoñosa. Ejerce el pasatiempo de todo desahuciado: asusta a los niños y llora de martes a viernes. (Gabriel Fuster).

Al poeta, al soñador, al sueño amigo de los años, como a un estorbo nos apartan, enmudecen y destruyen… “Sólo estamos de estorbo aquí en la tierra.” (Mario Andrés Campa Landeros).

pablumbre@hotmail.com