martes, 23 de junio de 2009

proviene de una despeñadura enloquecida

proviene de una despeñadura enloquecida insinúa una suave sonrisa divinal respira la celeste mirada de su sol consume la agónica tristeza de las hojas interpreta la silenciosa huracandad del tiempo cavila debajo de la noche y la tormenta desangra en las cinco parcelas de la Tierra navega entre borrasca grito y alborada agoniza en la nieve en el llanto y en el plato cabalga con toda la tristumbre de los montes transita en tempestades mundanal miseria maldice las horrendas torturas del hermano consagra la levadura eterna de los panes conoce los pasos permanentes de la sombra despliega temores ramalazos y portentos se agita en el fuego bravío de la mar se afinca en la locura en lucha con su pena mendiga la lumbre de la gota en el alambre quisiera recuperar el curricán perdido tritura las indómitas fieras que lo acosan renace de entre la podredumbre de la fosa se entrega en las redes de un tiempo submarino violenta volcánico la luz de otras estrellas arremete contra la infancia alada de las rosas se enrumba delirante al acecho de otra aurora se astilla ante el antiguo malecón del puerto desgarra el alma fulgurante de la flor se inclina sobre los fogonazos de sus huesos se aferra a las entrañas de su viejo pan llovizna sobre la polvareda de sus sueños desguaza furente el huracán en alta mar desgaja las indomables fauces de la sombra se eterniza sepultado en la fragua de la guerra se esfuma entre las ventanuras del azul nos acusa nos grita y nos reclama


http://www.youtube.com/watch?v=I22bgj_sPps

martes, 16 de junio de 2009

"La revolución está en una encrucijada"

VENEZUELA: ''La Revolución está en una encrucijada''
Entrevista al politólogo Juan Carlos Monedero sobre la situación en Venezuela-
"(...) Cuando uno mira la historia de las revoluciones, uno se da cuenta que se empezaron a pudrir cuando se frenó la crítica, cuando se silenció el debate. Yo he escuchado a guerrilleros decir que no tuvieron miedo cuando estaban en la montaña y que en cambio ahora se tientan la ropa antes de hablar en determinados lugares para que estos burócratas de la revolución no los perjudiquen. Si hago una comparación en seis años que llevo aquí, diría que la Lámpara de Diógenes era un programa ofensivo, La Hojilla es un programa defensivo. Creo que es necesario recuperar la frescura que tenía el proceso revolucionario y que algunos vemos que se está perdiendo y está siendo sustituida por una burocratización, en la que hay un exceso de monólogo. (...)"

-Por: Hugo Prieto

-A principios de mes se celebró el encuentro "Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos por recorrer". Uno de sus organizadores fue Juan Carlos Monedero, responsable de formación del Centro Internacional Miranda. Apenas se abrió el derecho de palabra, con la propia intervención de Monedero, surgió la autocrítica más profunda que se ha hecho filas adentro, es necesario aclararlo del proceso bolivariano.Intelectuales que no tienen ningún reparo en manifestar su apoyo al presidente Chávez, pusieron el dedo en la llaga en temas tan apremiantes como la conformación del Psuv (visto como instrumento de la revolución), la gestión gubernamental, el modelo económico y la participación popular, entre otros. El balance es una radiografía que muestras aciertos y fracasos, sin atenuantes. Las críticas más acérrimas llovieron desde el chavismo, en especial sobre lo que Monedero denomina como un "liderazgo acomodaticio", funcionarios "que no resisten una auditoría".Pero esto es el mero síntoma de una enfermedad, cuyo pronóstico es reservado. "La revolución bolivariana está en una encrucijada", sentencia Monedero. Los cinco fantasmas de la cultura política del país (ver registro verbal) generan, precisamente, ese tipo de liderazgo. ¿Qué significa esto? "Los diferentes niveles del país, en lugar de hacer el esfuerzo de buscar sus soluciones, esperan que sea el liderazgo del Presidente el que baje esas soluciones. Que resuelva todo y quedan las preguntas ¿dónde están los documentos teóricos de la revolución bolivariana?, ¿dónde están las diferentes sensibilidades ideológicas? Es un problema terrible".En el seminario hubo coincidencia en tres puntos. Uno, "la importancia del liderazgo del presidente Chávez". Dos, "el flaco favor que le hace a Venezuela una oposición, cuyo único objetivo es regresar al pasado". Tres, "los enormes logros del proceso bolivariano". Si bien el liderazgo del Presidente resultó "crucial para superar el callejón sin salida de la IV República, ahora resulta necesario impulsarlo hacia otro momento para que este proceso pudiera seguir avanzando."Lo que buscamos es empoderar al pueblo y que el Presidente lidere ese empoderamiento".Las críticas no se hacen desde las filas del chavismo sino desde los medios de comunicación tradicionales, cuyo interés no es señalar errores y claroscuros ideológicos, sino poner de manifiesto el empantanamiento.El Presidente fue la principal virtud, junto con el pueblo, que ha permitido el advenimiento de la V República. De lo que se trataba es que no se convierta en un vicio y por tanto ese liderazgo, tan relevante, hay que repensarlo en otra dirección, porque la propia fuerza de Chávez ha generado lo que yo llamo ese liderazgo acomodaticio. Decía Ludovico Silva que si los loros fueran marxistas, serían marxistas ortodoxos.Creo que podemos decir que si los loros fueran chavistas serían chavistas ortodoxos. Por fortuna el Presidente es el primer heterodoxo del país. Esa fortaleza genera problemas que podemos identificarlos en tres áreas: el consejo de ministros, la Asamblea Nacional y el Psuv, que en mi opinión, creo que no terminan de funcionar.¿A qué problemas se refiere?Si ministros, diputados o cuadros del partido renuncian a disentir con el Presidente, si renuncian incluso a ser abogados del diablo, no se están ganando el sueldo. Si el consejo de ministros calla hasta que el Presidente baje línea, si la Asamblea Nacional hace algo similar, al igual que el Psuv no se está ayudando al Presidente para que mande obedeciendo.Al presidente Chávez le encanta bajar línea. Es el primero que le pide al TSJ que `actúe’. Es el primero que le pide a la Asamblea Nacional que apruebe una ley.Es el retrato hablado de lo que usted menciona. ¿Cómo se supera eso?Se supera saliendo de ese liderazgo acomodaticio. Insisto, el ministro que no disienta con el Presidente y con otros ministros, no se está ganando el sueldo. El diputado que no disienta con la presidenta de la Asamblea o con el Presidente, de manera que de ese debate dialéctico surja la mejor propuesta, no se está ganando el sueldo. El militante del Psuv, de cualquier batallón o de la dirección nacional, que no disienta o que silencie su voz alternativa, no se está ganando el sueldo y encima le están haciendo un flaco favor a Venezuela, porque el Presidente va acumulando responsabilidades, cada vez más, y al final dinamita lo que fue el corazón de este proceso. Es decir, mandar obedeciendo y de esa forma recuperar una forma de democracia que no existía y que enamoró y sigue enamorando a tanta gente, aquí y en América Latina.Al escucharlo, uno piensa que la revolución bolivariana está en una encrucijada.Sí, sí. Estoy de acuerdo.¿O se retoma el camino o se llega al despeñadero?Cuando uno mira la historia de las revoluciones, uno se da cuenta que se empezaron a pudrir cuando se frenó la crítica, cuando se silenció el debate. Yo he escuchado a guerrilleros decir que no tuvieron miedo cuando estaban en la montaña y que en cambio ahora se tientan la ropa antes de hablar en determinados lugares para que estos burócratas de la revolución no los perjudiquen. Si hago una comparación en seis años que llevo aquí, diría que la Lámpara de Diógenes era un programa ofensivo, La Hojilla es un programa defensivo.Creo que es necesario recuperar la frescura que tenía el proceso revolucionario y que algunos vemos que se está perdiendo y está siendo sustituida por una burocratización, en la que hay un exceso de monólogo.Si el disentimiento y la crítica no tienen una expresión, que además tenga utilidad, ¿usted cree que la figura del presidente Chávez va a permanecer incólume frente a los procesos políticos y sociales que se están dando?Si en el seminario hablamos de hiperliderazgo es porque creemos que esa forma de ejercer el poder debilita al Presidente.Estamos absolutamente convencidos de que la figura del Presidente es indispensable al día de hoy en la marcha de este proceso. De ahí mi enfado con aquellos que se acomodan a ese liderazgo, algo que me recuerda mucho a los extras de las películas, que se tapan el rostro para poder salir en más escenas. Son personas que se escudan en el portaviones Chávez para ellos no recibir ningún tipo de daño. Pero al final, como decía Fidel Castro, el presidente Chávez no puede ser el alcalde de todos los pueblos de Venezuela. Eso, por un lado, lo refuerza para tener el máximo poder, pero por otro lo deja absolutamente vulnerable.En Cuba se demostró que hubo continuidad del sistema político a pesar del hiperliderazgo de Fidel Castro. Si aquí ocurriera algo similar, ¿qué pasaría?Cuando el Presidente decide impulsar al Psuv, creo que hace una reflexión muy honesta y muy sincera que es precisamente esta: si yo falto este proceso se cae. Creo que el impulso de un partido de la revolución tenía esa angustia. La necesidad de blindar un proceso que es la garantía de que las mayorías de este país tengan esperanza, en caso de que el Presidente faltara. Creo que hay mucho por hacer. Hace unos cuantos años dije que el mayor éxito del presidente Chávez será cuando haya 100 personas que lo puedan sustituir sin ningún tipo de quiebra. Ojalá de esas 100 personas, 80 sean mujeres. Creo que es una asignatura pendiente. En 10 años, la revolución no ha hecho una escuela de formación ni de cuadros del partido ni de funcionarios del Gobierno.¿El Centro Internacional Miranda no es eso?No funciona como tal, tampoco ha tenido los recursos para hacerlo.Formamos una cohorte, luego esa cohorte se mantuvo en la Escuela Venezolana de Planificación, pero con la rotación enorme que hay con los cuadros ministeriales en Venezuela, no hay continuidad al respecto.Hay funcionarios que pasan de un ministerio a otro y se llevan consigo a un grupo de burócratas que los siguen fielmente como si se tratase de un ejército personal.Esa es una señal de debilidad del Estado. Por otra parte hay ministros que llevan tanto tiempo en el Gobierno, que creen que el ministerio les pertenece, hasta el punto que cuando son relegados, exigen a quienes ellos creen que son sus fichas, que renuncien. Incluso cuando regresan, aquellos que no abandonaron el barco los han botado. No tiene sentido que en un mismo gobierno, un cambio de ministro implique la salida de 200 personas. Eso supone una discontinuidad que no se la podría permitir un país rico y yo me pregunto, ¿se lo puede permitir Venezuela? Toda transformación política supone una reinvención de la función pública. Es decir, salir del cuadro funcionarial del antiguo régimen y sentar las bases de un nuevo cuerpo funcionarial que sea leal con las nuevas formas constitucionales y la nueva lógica política. En Venezuela eso está pendiente.Con la urgencia se implementaron las misiones, pero llega un momento en que las institucionalizas o se desploman, porque la mística no funciona de una manera permanente.El partido se confunde con el Estado, con la sociedad, con las misiones, con los consejos comunales. ¿No es el cáncer que llevó a la tumba al socialismo del siglo XX?Eduardo Galeano, que no pudo venir, me escribió hace un par de días felicitándonos por el seminario y el tono crítico del mismo. Recordándonos, además, que repetir el pasado sería el fin de la revolución bolivariana. Y que actos como el que organizamos en el CIM es una señal de que estamos aprendiendo de los errores. Venezuela no era un país que destacaba por sus movimientos sociales. No había un sistema de partidos políticos que permitiera articular a sectores críticos. Por lo tanto, las respuestas para cancelar la enorme deuda social tuvieron que impulsarse desde arriba. Pero no hay socialismo si no hay socialistas. Igual que no hay cooperativismo si no hay cooperativas. Ahora mismo, la revolución está en una encrucijada para no repetir los errores, por ejemplo, del PRI.No nos vayamos a la URSS sino a un referente más cercano. El PRI (México) seguía llamándose Partido Revolucionario Institucional y desde arriba construyó sindicatos, organizaciones, redes sociales, pero que en el fondo eran todas formas burocráticas de control.¿No le da miedo coincidir con Vargas Llosa, que caracterizó al PRI como la dictadura perfecta?Venezuela puede aprender de esos errores y no repetirlos.Por eso la crítica debe estar, ahora mismo, en el corazón del proceso.REGISTRO VERBALJuan Carlos Monedero, en algo más de seis años, ha estudiado lo que en teoría marxista podría denominarse como la formación histórica y social de Venezuela. Al identificar las pulsiones que moldean el carácter del país, Monedero habla de "cinco fantasmas que siempre han revoloteado en su historia". En parte, la V República los "ha solventado parcialmente, porque siempre están ahí, dispuestos a regresar y todos confluyen en la figura histórica de un líder necesario". Por eso, el tema del liderazgo refiere a un nudo central de la democracia venezolana. Y eso es algo que se debería tener muy en cuenta.El primer fantasma. La mentalidad rentista: que, de alguna manera, "hace descansar en la figura del líder la solución de todos los problemas". La imagen más acabada la transmitió el canal 8, "la señora que con un niño en brazos, decía: con Chávez, por fin, me ha caído mi chorrito de petróleo". Ese liderazgo, así entendido, infantiliza y por tanto no permite que el pueblo sea corresponsable de la marcha de su destino.El segundo fantasma. El centralismo. "Es cierto que la descentralización se utilizó como palanca de penetración del neoliberalismo, pero centralizar todo en una persona es problemático.Aquello que decía Robespierre, Rosa Luxemburgo y Trosky. El partido sustituye a la sociedad, el comité central al partido y el secretario general al comité central".El tercer fantasma. El militarismo. "Con la unión cívico militar se ha dado un salto de gigante. Que en vez de fotos del presidente de Estados Unidos haya fotos del Che Guevara en los cuarteles es una esperanza. Pero el militarismo vuelve a recurrir a la idea del comandante en jefe, que de alguna manera es quien solventa ese problema".El cuarto fantasma. El clientelismo partidista, que de algún modo regresa: "ayer era adeco y hoy es del Psuv. Es un tremendo error. Los burócratas de la revolución creen que alguien les ha dado la orden de que si no se está afiliado al Psuv no se tiene el acceso a la ciudadanía. De ahí surge la idea, por ejemplo, de que consejos comunales y Psuv es lo mismo".El quinto fantasma. Corrupción e ineficiencia. "Dos caras de la misma moneda. Es la ausencia de Estado. De hecho, Venezuela es el único país de América Latina que no tiene un Instituto Nacional de Administración Pública. Las cosas que tienen que ver con la administración pública están en una esquina del Ministerio de Planificación".-inSurGente/Aporrea/16/06/2009

http://vocerobolivariano.blogspot.com/2009/06/venezuela-la-revolucion-esta-en-una.html

jueves, 11 de junio de 2009

Epistolario a Fidel

Fidel Amigo:

El mundo está con Usted y con su Cuba, nuestra Cuba, más bandera que nunca desplegada a la esperanza. A pesar de todas las interferencias en estos días de noche oscura, el mundo sintoniza, está pendiente del Territorio Libre de América. Quienes sabemos del camino, del viento, del Moncada, del Che, de la sierra, de la muerte y la arboleda - los mejores testigos de sus sueños -, rogamos para que Martí los acompañe y nos recuerde que la inteligencia se ha hecho para servir a la patria y que la libertad es la religión definitiva, mientras la poesía de la libertad el culto nuevo. La voz de Europa, la del mundo, la de América y América Latina esperan a cada instante por su voz, por la voz de Martí y la de Bolívar, las voces certeras del encuentro en Libertad. Porque nunca la tierra más firme ni más azul el mar que desde la garita de las islas.
Desde estos ventisqueros de Los Andes, de donde partiera el Héroe a liberar sus patrias, pedimos a la gallarda cubanía, empuñada entre sus manos, ilumine la noche que se cierne sobre América. Que la espada de su isla no cese en la trocha que nos falta por abrir. Que las manos de Bolívar fuljan en sus manos, hasta que América alcance su destino al fragor de sus hazañas, mientras vibre su espada en el camino. Que el ejército rojo, insomne, vele por nosotros en esta noche de América, al lado del barco mercenario que nos mira, nos apunta, nos vigila.
En esta suprema encrucijada de historia y liderazgos, donde cada quien quiere su imagen agigantar, decida Usted, Amigo, como los héroes, entre el destino y el poder. Usted que tiene la palabra, el destino y el poder, díganos: ¿Cómo subsanar el hambre en Libertad? ¿Cómo sobrevivir? ¿Cómo trascender en sobrevida? ¿Cómo grabar el sueño entre los árboles para que vaya andando en el aire, como ellos, hacia arriba? ¿Cómo compartir la luz del mundo al mismo tiempo que la noche oscura? ¿Cómo condenarnos juntos o salvarnos todos con las mismas manos y las mismas sombras?
Comandante Amigo: Cada uno tiene su Moncada, su encuentro con la historia. Ojalá, entre los reales dominios de la violencia, sepamos ajilar esta caña, abrir este camino entre los dioses y los lobos que asechan la esperanza. Salud, estrella de cinco puntas, estrella de todos los justos. Salud, Sol solitario, Sol de José Martí, Sol del 26 de Julio. Sol de América, Sol del Mundo que haremos, los que vamos a vivir le saludan. Prohibido llorar sobre los vivos. Préstenos su esperanza, ternura y arrechera; sus montañas, sus morteros: su magia, soledad, naufragio y suerte; sus planos, sus trincheras, sus secretos, para empuñar fusiles nuevamente.
Mientras tanto, al calor del merensón, de la música caribe en que se esconde el diapasón del Tiempo, señálenos Usted el rumbo, el ritmo, el paso, el viraje, el aire que nos falta, el necesario, para andar en alta mar, en alta vida. Sólo, entonces, el hombre peregrino, en medio de esta horrenda polvareda, marchará alegre y sin ningún sonrojo. Convencido de que roja será la rosa que recuerde su paso. De que roja será la rosa en el azul del sueño. Hasta que vuelva el fantasma a recorrer el mundo y nosotros le sigamos llamando Camarada.
¡Hasta la empuñadura! ¡Hasta la Victoria Siempre, Comandante! ¡Hacia la esperanza! ¡El laurel y la luz del ejército rojo a través de la noche de América con su mirada mira!

San Cristóbal, 26 de Julio de 1998.A 45 Años del Moncada.



Respuesta de Fidel Castro a Pablo Mora


Sr. Pablo Mora.
Estimado amigo:

Mucho agradezco su amable carta, que me fuera entregada durante la ceremonia de conmemoración del 26 de Julio; como usted sabe, el Protocolo constituye uno de los peores tormentos a que todo Jefe de Estado debe someterse. Su misiva, señor Mora, me permitió sustraerme durante un buen rato a la recepción ofrecida por nuestra Cancillería al Cuerpo Diplomático; con el pretexto de leerla - mis ayudantes la anunciaron como correspondencia de Estado - pude retirarme por largo rato a una discreta sala privada. Allí aproveché para descabezar un breve pero profundo sueño; es que los años pesan, señor Mora, y no puede pretenderse que el cuerpo de este septuagenario Comandante mantenga intacta la fortaleza física de aquel impetuoso abogadito que, hace hoy 45 años, dirigiera el casi suicida ataque contra el cuartel Moncada.
Debo y quiero ser cuidadoso en mi respuesta, señor Mora. Usted me es absolutamente desconocido; por tanto, estoy obligado a creerlo no sólo un compañero sino, además, un compañero bien intencionado. Por esa razón, no debo ni quiero dejar sin comentar algunas de sus expresiones, que me parecen peligrosamente equivocadas en un revolucionario. Me alegrará que estas modestas reflexiones atraigan su atención.
Dice usted, señor Mora, que el mundo está conmigo, y con "mi" Cuba. ¿Lo cree usted realmente? ¿Cree que en ese mundo dominado por las transnacionales de la desinformación, los pueblos tienen acceso a los datos reales del proceso que sigue nuestra isla? ¿Cree usted que continuamos viviendo bajo el manto de la mística, como ocurrió en la década de los sesenta? No se equivoque usted, señor Mora; no cometa el error de subvalorar al adversario: hoy por hoy, las más descarnadas apetencias del discurso liberal campean desde Fairbanks hasta El Cabo, desde Punta Arenas al Mar de Laptev. Y no serán los ruegos a ningún héroe los que nos ayudarán a sortear las dificultades del camino, por más que ese héroe se llame Martí, Bolívar o Espartaco. Nuestro objetivo, señor Mora, no se afinca en la implantación de ninguna religión definitiva, que eso pertenece a la conciencia libre y soberana de cada cual. No luchamos por religión alguna, sino por crear, paso a paso, un orden más justo, más libre, más pleno, que permita que cada cual, respetando la de los otros, pueda seguir su propia religión. Tampoco intentamos afirmar nuevos cultos; ya ve usted, nuestros propios ritos patrios siguen el esquema de los ritos nacionales burgueses. Eso no nos preocupa, naturalmente, porque en definitiva sabemos que los ritos no son más que herramientas que ayudan a mantener el entusiasmo y el fervor tan necesarios en los momentos duros que nos ha tocado vivir.
Las voces de América y del mundo, señor Mora, las voces de Bolívar, Martí, San Martín, Moreno, Túpac Amaru, Lumumba, Albizu Campos, Aquino, Durruti, Sandino, Artigas, Guevara y de tantos otros héroes no necesitan esperar por la voz de nadie, mucho menos por la mía. Los pueblos, téngalo por seguro, saben escucharlas. No para obedecerlas sin más, ni adherir a ellas como si fueran nuevas Tablas de la Ley; pero sí para escucharlas con espíritu crítico, desechando de ellas lo desechable, y aprovechando de ellas lo aprovechable. El mensaje del combatiente, señor Mora, deberá cumplirse un día y quedar, entonces, vacío de virtualidad creadora. El ejemplo de esos hombres, en cambio, nunca se agotará. Y en eso, nada tiene que ver mi voz.
Ha de saber, señor Mora, que esa "gallarda cubanía", como usted llama a mi pueblo, no admite ser empuñada por nadie. El pueblo cubano comenzó su revolución a fines del pasado siglo (lo de 1959 es, apenas, un jalón), y en ella continúa, por su propio impulso, por su propia fuerza. ¿Cree usted, señor Mora, que los pueblos admiten ser "empuñados"? La confianza en el pueblo, señor, es imprescindible en todo revolucionario. Porque de nada sirven los dirigentes si no son respaldados, seguidos y empujados por esas miles de anónimas personas, mujeres y hombres, que conforman eso que llamamos "pueblo".
Pero no corresponde a Cuba iluminar "la noche que se cierne sobre América". No corresponde a Cuba, mantener su espada en la trocha que a otros corresponde abrir. No es rojo nuestro Ejército Revolucionario, señor Mora, sino verde, muy verde, tan verde como nuestras palmas. Somos solidarios, sí, y hemos dado suficientes pruebas de serlo con todos los pueblos del mundo. Pero una cosa es la necesaria solidaridad que entre todos nos debemos, y otra es el creer que estamos para cumplir tareas que otros dejan de llevar a cabo. Más bien es Cuba la que debiera hoy reclamar ajenas solidaridades. No una solidaridad expresada en solemnes declaraciones o rimbombantes rimas; sino una solidaridad militante que contribuya a modificar la relación de fuerzas y nos facilite el camino. No escapará a su clara inteligencia, señor, que la mejor manera con que un revolucionario puede manifestarse hoy solidario con nuestra Revolución, es impulsar cambios progresistas en su propio país.
Se equivoca usted, señor Mora, cuando me asigna la "palabra, el destino y el poder". La primera la tengo, claro está, en todos aquellos foros en que me es dado expresarme, por mandato y autorización de mi pueblo. ¿Conoce usted, señor Mora, la hermosa frase con que un latinoamericano héroe de la gesta independentista interpeló a su propio pueblo? Permítame transcribirla: "Mi autoridad emana de vosotros, y ella cesa ante vuestra presencia soberana. Porque yo ofendería gravemente vuestro carácter y el mío, vulnerando vuestros derechos más sagrados, si pasase a decidir por mí un asunto reservado sólo a vosotros". Esto, señor Mora, fue dicho en abril de 1813, por alguien a quien su pueblo había conferido entonces la máxima autoridad; hoy, a 185 años de pronunciada, esa frase sigue siendo un mandato para todo revolucionario. Yo tengo la palabra de mi pueblo, por mandato expreso de éste, y la tendré hasta que los cubanos no decidan otra cosa. Pero sólo soy su dirigente máximo; no tengo más poder ni más destino que el que tal nombramiento me ha asignado. Ni tampoco quiero otro. Que, como dijo Martí, "toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz". Y como escribiera Steinbeck, "cuando el pueblo necesita líderes, los líderes crecen como setas".
No me formule, entonces, esas sus interesantes preguntas sobre "cómo sobrevivir", ni como "trascender en sobrevida", ni cómo "subsanar el hambre en Libertad", "cómo grabar el sueño entre los árboles", o "cómo condenarnos juntos o salvarnos todos con las mismas manos y las mismas sombras". Interrogue usted a su pueblo. "Vete a mirar los mineros, los hombres en el trigal, y cántale a los que luchan por un pedazo de pan", pedía don Atahualpa Yupanqui. A ellos debe usted interrogar, no a mí. En ellos, encontrará usted todas las respuestas. Como dijo en cierta ocasión el Che: "Recurrimos --quizás demasiado seguido-- al pueblo. A veces en asambleas, a veces en diálogos directos en las fábricas, con los obreros, con estudiantes, pero siempre tratando de que nuestra voz y la voz de la gente puedan intercambiarse y que las ideas se intercambien así, que no haya limitación de categoría, limitación de estrados, ni ningún tipo de limitación, para que las ideas vayan y vengan entre todo el pueblo y nosotros".
Sí, buena cosa es que saludemos todos al Sol. Bueno es que compartamos esperanzas, ternuras y arrecheras. ¿Pero por qué habla usted de "empuñar fusiles nuevamente"? Los fusiles, señor Mora, se toman y se cargan y se disparan cuando ello es necesario, cuando no queda otra salida, cuando morir o matar es la única alternativa que resta para reconquistar la dignidad. Pero la Revolución ha de hacerse, señor Mora, para poder enterrar los fusiles, de una vez y para siempre. La Revolución es Paz, y por eso cuesta tanto, justamente. Permítame usted que recurra a otro concepto del Ché: "La fuerza --decía él-- es el recurso definitivo que queda a los pueblos. Nunca un pueblo puede renunciar a la fuerza, pero la fuerza sólo se utiliza para luchar contra el que la ejerce en forma indiscriminada. Nosotros (y podrá parecer extraño que hablemos así, pero es totalmente cierto), nosotros iniciamos el camino de la lucha armada, un camino muy triste, muy doloroso, que sembró de muertos todo el territorio nacional, cuando no se pudo hacer otra cosa (...) Hay algo que debe cuidarse; que es, precisamente, la posibilidad de expresar las ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos se logren algún día en América (...) Porque si esas aspiraciones del desarrollo económico –que son, en definitiva, las aspiraciones de bienestar en cualquier forma que sea y como quiera llamársele-- la aspiración del pueblo a su bienestar se puede lograr por medios pacíficos, eso es lo ideal y eso es por lo que hay que luchar.
No seríamos revolucionarios, si pretendiéramos señalar "el rumbo, el ritmo, el paso, el viraje, el aire", como usted nos requiere. La Revolución, señor Mora, pretende que cada uno piense con cabeza propia, enriqueciendo con sus ideas el patrimonio colectivo. Sabemos que es éste un proceso que exige muchísimo tiempo; "sabemos que no hay tierra ni estrella prometidas", que todo ha de ser aprendido y vuelto a aprender, que debemos rectificar una y otra vez nuestras ideas, para amoldarlas a la dinámica de un mundo que cambia aceleradamente ante nuestros ojos. ¿Pero acaso el marxismo no nos señala, justamente, que el desarrollo de las fuerzas productivas conlleva la transformación acelerada de los marcos sociales? ¿Y qué es este cambio tecnológico al que asistimos, sino un desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas?
Quizá convenga olvidar el viejo fantasma que hasta hace poco andaba recorriendo el mundo. ¿Puede sostenerse, hoy por hoy, la existencia de una clase obrera en ascenso, sobre la que caería la hermosa tarea de hacer parir una nueva sociedad? ¿No alcanzan los datos económicos para comprender que esa clase obrera --en el sentido marxista del término-- tiende a desaparecer, para ceder su sitio a otro sector social? ¿No será ese innumerable conjunto de marginados y desempleados cada vez más lejos del circuito económico, hundiéndose cada día más en la miseria, el llamado a convertirse en la nueva clase revolucionaria? No me pida respuestas, señor Mora; soy apenas un revolucionario que tuvo la suerte de estar en el lugar apropiado, en el momento apropiado y en las circunstancias apropiadas; no soy un teórico. Confíe en el pueblo, y busque en él los nuevos marcos teóricos ajustados a las nuevas realidades. Conocerá usted muchos fracasos, pero no desespere; antes o después, los pueblos siempre encuentran su camino.
Y nada de laureles, señor mío; nada de empuñaduras, ni de ejércitos rojos. Si ha de haber laureles, será para honrar la memoria de nuestros muertos; mientras deba haber ejército, entre nosotros su color será verde olivo (y que cada pueblo elija el suyo); si ha de haber empuñaduras, será en las manceras de los arados.
Y ya que estamos, ¿qué tal si mientras avanzamos, vamos dejando por el camino el lastre de tanto rimbombante adjetivo?
San Cristóbal de La Habana, 26 de Julio de 1998.

Carta magna

Pablo Mora


Somos las dos terceras partes de la población de América Latina. Somos profesionales; ya formamos nuestro propio hogar. Nos proponemos alcanzar logros muy importantes para la empresa en que trabajamos y aspiramos a recibir a cambio una mejor remuneración y capacitación permanente. Somos trabajadores; laboramos para atender nuestra propia subsistencia y la de la familia. Confiamos en que saldremos adelante en la vida, con tesón y perseverancia porque estamos convencidos de nuestras propias capacidades. Somos muy críticos frente al país y al Continente que heredamos. Somos estudiantes de clase media baja, activos, capaces, que aspiramos a cambiar las cosas y a trabajar con ganas para sacar adelante a la familia. En nuestro futuro no vemos nada... ni grandes metas ni extraños horizontes... sospechamos, señores líderes, que ustedes nos ven con desencanto: pandilleros, drogadictos, conflictivos, trans, cuya única preocupación es la parranda de los viernes... ¿qué crédito podrán darnos si nos ven así? Señores dirigentes, volvamos a pasar la película y grábense otro casete en la cabeza, porque los jóvenes no somos eso.
Queremos ser mejores pero no tenemos a quien imitar. Si somos violentos, intolerantes y egoístas, es porque somos producto del país que ustedes mismos han creado. Entonces, señores dirigentes, empresarios, políticos, maestros, generales, ustedes deberían, ante todo, liderar con su ejemplo.
Hoy, los jóvenes vivimos entre dos sentimientos encontrados: de inmensa fe en nuestras propias capacidades y de desconfianza en las instituciones. Por eso, el siguiente mensaje va para los adultos: lo que ustedes están haciendo, como lo están haciendo, no funciona.
Nos sentimos divorciados de los actuales líderes del Parlamento y de la política, de Las Fuerzas Armadas, de los medios y del sector empresarial. De los primeros, porque están saturados de vicios y porque le imponen al país sus intereses egoístas, mezquinos, cuando la política debería ser el espacio más adecuado para realizar el bien común; de la televisión, la radio y la prensa, porque des-educan, volcando sobre el público valores negativos y una imagen distorsionada y falsa de la juventud. Y, divorciados, de las Fuerzas Militares, por corruptas.
Nuestros propósitos apuntan a que el hombre del mañana sea mejor y a que la sociedad esté cimentada en valores practicados en el seno de la familia, en los centros educativos, en las empresas, entre amigos, en el barrio y en la ciudad. Queremos que esos valores estén explícitos, que nos permitan integrarnos con los demás y que se conviertan en la huella digital que me identifique a mí y a ustedes como argentinos, chilenos, colombianos, peruanos, venezolanos y, también, como latinoamericanos.
Quienes contribuimos a escribir esta Carta estamos conscientes de que sólo creando con nuestro propio esfuerzo organizaciones grandes y sólidas lograremos aumentar nuestro poder negociador... Un llamado al optimismo. Señores dirigentes de América Latina: ¡Hagamos de la crisis una oportunidad! Que los problemas no se vuelvan un escollo insalvable, sino un fecundo estímulo para sentarnos juntos, ustedes y nosotros, a diseñar iniciativas. Los jóvenes de América Latina declaramos que nuestra responsabilidad indelegable es con el cambio, y la hora del cambio es hoy, no mañana.
(Fragmentos de la Carta magna elaborada por 450 jóvenes de cinco países (Argentina, Chile, Colombia, Perú y Venezuela), entre 14 y 29 años, de diversos estratos, participantes en la investigación “Somos Jóvenes”, desarrollada por el Convenio Andrés Bello).

Entierro de fusiles

Pablo Mora


En la Alocución del Presidente Chávez, al anunciar medidas de materia fiscal, cambiaria y de orden productivo, afirmó: "Tomé una determinación en Maracay que hoy quiero ratificarla delante de toda Venezuela y delante de todos los venezolanos. Dije aquella noche: soy zurdo, como ustedes saben. Soy zurdo y entonces me paso la espada a la mano derecha y le pongo la mano izquierda al arado, siguiendo aquella profecía, una especie de profecía bíblica que dice que algún día el hierro de las espadas, se convertirá en hierro de los arados, es decir del desarrollo, de la economía (...) Pido ayuda a todos para envainar la espada que es lo que finalmente algún día debemos hacer. Envainar la espada definitivamente y guardarla en el baúl de los recuerdos y ponerle las dos manos y todo nuestro ser individual y colectivo al desarrollo integral, al arado, a la paz, a la concordia nacional, al respeto de la diversidad que va a la búsqueda de soluciones y de caminos positivos para todos... Ratifico esa determinación con la más profunda y sólida de mis voluntades y les prometo que, y creo que ya hemos pasado una prueba en estos últimos días, les prometo que no voy a pasarme esa espada de nuevo a la mano izquierda. Pero pido ayuda de todos o a todos los sectores nacionales y más aún, repito, para envainarla."
Palabras que nos traen a la memoria la respuesta de Fidel Castro a la correspondencia que le dirigiéramos el 26 de Julio de 1998, a 45 años del Moncada: "Sí, buena cosa es que saludemos todos al Sol. Bueno es que compartamos esperanzas, ternuras y arrecheras. ¿Pero por qué habla usted de "empuñar fusiles nuevamente"? Los fusiles, señor Mora, se toman y se cargan y se disparan cuando ello es necesario, cuando no queda otra salida, cuando morir o matar es la única alternativa que resta para reconquistar la dignidad. Pero la Revolución ha de hacerse, señor Mora, para poder enterrar los fusiles, de una vez y para siempre. La Revolución es Paz, y por eso cuesta tanto, justamente. Permítame usted que recurra a otro concepto del Che: "La fuerza —decía él— es el recurso definitivo que queda a los pueblos. Nunca un pueblo puede renunciar a la fuerza, pero la fuerza sólo se utiliza para luchar contra el que la ejerce en forma indiscriminada. Nosotros (y podrá parecer extraño que hablemos así, pero es totalmente cierto), nosotros iniciamos el camino de la lucha armada, un camino muy triste, muy doloroso, que sembró de muertos todo el territorio nacional, cuando no se pudo hacer otra cosa (...) Hay algo que debe cuidarse; que es, precisamente, la posibilidad de expresar las ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos se logren algún día en América (...) Porque si esas aspiraciones del desarrollo económico —que son, en definitiva, las aspiraciones de bienestar en cualquier forma que sea y como quiera llamársele– la aspiración del pueblo a su bienestar se puede lograr por medios pacíficos, eso es lo ideal y eso es por lo que hay que luchar (...) Y nada de laureles, señor mío; nada de empuñaduras, ni de ejércitos rojos. Si ha de haber laureles, será para honrar la memoria de nuestros muertos; mientras deba haber ejército, entre nosotros su color será verde olivo (y que cada pueblo elija el suyo); si ha de haber empuñaduras, será en las manceras de los arados."
Ojalá compartamos la luz al tiempo que la noche oscura. Hasta salvarnos todos con las mismas manos, los mismos arados y los mismos sueños.

Meditación Patriótica

Pablo Mora



En medio de la noche, madrugando ideas, en este julio que comienza apenas, fieles a la creencia de que la vida es lo primero, a pesar de una y otra tempestad, pensamos que el camino sensato es oír las distintas propuestas, sin creer a ciegas en los mundos fantásticos que nos ofrecen los prestidigitadores al borde del atajo. Antes que estar dispuestos a cambiar de esquina o hacernos los locos frente al diario acontecer, reivindicar nuestro derecho a exaltarnos, enervarnos, interrogarnos, movilizarnos, agitarnos, sin desesperarnos.
Convencidos de que el paraíso de la eterna armonía es un jardín perdido, necesitamos asumir la voz de muchos, silenciada por la violencia cotidiana, tratando de no dejar ninguna duda o pregunta sin respuesta, dando la mano cuando haya que defender este o aquel derecho. Ninguna cruzada de vida ha de parecernos imposible, máxime si entendemos el futuro como una suma de días por hacer, como una fogata por venir.
Según los días vayan siendo, tal vez la indignación sea nuestra munición mayor. Cuidándonos de no permanecer callados mientras la mayoría grita. Gritando a favor de la vida, la convivialidad, la concomitancia, el reto, la tolerancia. Asumiendo la responsabilidad colectiva. Construyendo nuestro mejor país, codo a codo, en solidaria decisión, sin dejar de ver nuestros errores propios y menos destruyendo como fieras enceguecidas las faenas, honras, y famas ajenas.
Con voz, voto y veto, a rodear este esfuerzo, a superar este pleito. Irrumpamos contra la sangrienta demencia que de antiguo atenta con la tribu. Detrás el mito y su atroz corriente. El águila rapaz y su avaricia loca. Toda espumeante de historia, tragedias y misterios, exhalando el vaho putrefacto de los siglos, sorbiendo la polvareda de las necias apetencias, alcantarilla de los grandes asesinos en el desesperado despresamiento de los siglos, en el despellejamiento abismal de las brechas, trojes o caminos.
A afrontar un estado naciente, siempre subversión de un orden "natural”. Toma de conciencia colectiva, búsqueda de verdad, transparencia de intenciones. En sucesión de nacimientos, el viento del tiempo, a pesar de sus fragores, sopla a favor del hombre con la esperanza de que la ruta sea la más justa y la propia tribulación sea capaz de definir las líneas maestras del mundo futuro. Desafío cultural que demanda una vigilia creadora.
Las naciones nacen sobre todo de las horas de crisis. La conciencia histórica sobreviene precisamente en el estado naciente, es decir, en el corazón del proceso de renovación creativa. El progreso es construcción de lo improbable y dominio de lo desconocido. He ahí el desafío, el compromiso, la razón del tiempo; el tiempo del asombro y la razón. No resta sino construir o fundar la historia, la nueva historia, nuestro propio tiempo. Con nuestras mejores energías, a medida de nuestro propio sueño y nuestra propia gente.

martes, 9 de junio de 2009

Al vino vuelo

Pablo Mora


¡Todo está alegre, menos mi alegría y todo, largo, menos mi candor, mi incertidumbre! Mi triste tristumbre se compone de cólera y tristeza y, a su borde arenoso e indoloro, la sensación me arruga, me arrincona. Execrable sistema, clima en nombre del cielo, del bronquio y la quebrada, la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre. La tristeza se cuela en el mediodía, se empoza a veces en el corazón, con un sabor a nostalgia. La alegría, en cambio, ese rumor de los cauces de agua de la infancia, para hacer crecer almácigos de encantamientos y contenturas, hasta ir construyendo en la sonrisa de las estrellas la dulzura de los días vividos y los por vivir. Lejos agotamientos o desgastes, llagaduras, desgarros, destrucciones. Vivamos la alegría de por vida. En el supremo instante sonreír. Que nunca la tristeza nuestra sea. A punta de alegría el porvenir. Afirmarla, nombrarla, repartirla. Apostemos la vida a la alegría. Hagamos el azul o la alegría.
A bretel caído, a calzón quitao, al rompe, al filo o al compás del sueño, al vino vuelo de la rosa roja; a tientas, a escuras, a toda luz; a la chita callando, a pie juntillas, a bocajarro, a tiempo, a destiempo, al alba, al ex abrupto, a las primeras; al derecho, al revés, a troche o moche, al rojo vivo, al alimón, al encendido o escondido; de todos modos, dentro del campo, fuera de campo; contra uno o contra todos; contra el cero o contra el infinito; en la alcoba, en el ágora, en el prado, en un garito, en una barricada, en un motín, en una encrucijada; en periferia o fuera de lugar; en el miedo, en el medio, en el subfondo; santiamén, apagón, glorieta o misa; por un soneto, un trébol, un té o un anillo de hojalata; un empujón, palmada o toque puerta; por una muñeca que llore como cualquier poeta o cualquiera de nosotros; por un par de lámparas viejas, por dos bombillos, por un plato de lentejas, por dos piernas fructosas, por unos pechos luz o unos senos flor, por el orgasmo del valor en celo, hagamos el azul o la alegría.
A todo lo ancho y a todo lo largo; a todo lo angosto y todo lo hondo; desde el principio hasta el fin; por todos los costados; por dos ojos vagabundos, nocturnos, callejeros; por una sonrisa o cuatro besos; por los dados de la túnica jugada; por los colgajos que se guinda en las orejas la mulata, la terracota, la pálida, la morena, la amarilla, la catira o hiperbórea rubia de los sueños. Por un fiado y tres ginebras, tres arreboles o luciérnagas; por unas blancas colinas o unos muslos blancos cuando vayan de silencio. Por una baraja incompleta; por este mientras, este con todo o a pesar; por este nunca y este cuando; por este punto suspensivo, este punto y aparte; por el punto final de este junio o el inicial que nos aguarda, hagamos el azul o la alegría.
A paso firme, recio o redoblado; en casa o fuera de ella; en la azotea, en el desván, la acera, en el jardín, en el altillo o la escalera; en las buenas y en las malas; por quien se llame pedro, pablo o pura; por tres jazmines vivas, en pelotas; por la insomne vagina de las vírgenes; por la humana materia rediviva; por el fuego sacro; por la gracia bíblica, el dios desconocido o los dolores colectivos; por quien no almuerza, toma, ni se ríe; por quien no tiene su vestido azul; por el que nació o no ha nacido; por el que solamente ha nacido; por el gato triste, por el piojo ciego, por estas fiestas, estas dudas, estas horas, este rato, este sol, este trato, este viernes, este trago, esta copa, sin más ni más, así nomás, no más, por quien desencadene, atice y ría, con júbilo, vivamos la alegría, levantemos la copa, la alegría, definitivamente la alegría, eternamente estalle la alegría, vivir por la alegría, combatir, de cara al sol, morir por la alegría.